LA ENTRONIZACIÓN MAYA

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Esta semana en el programa de radio "raíces mayas" de la Radio Universidad del Sur, en compañía de mis alumnos de comunicación  comentabamos acerca de la política de los mayas y en nuestra conversación salió el tema de la sucesión al trono entre los mayas. Comenté con ellos que para poder abarcar el tema debía quedarnos claro que la imagen del Halach Uinik era de suma relevancia entre los mayas ya que no solo abarcaba el campo de lo humano sino de lo divino. Es decir el gobernante era el depósito de toda relación con sus antepasados y los dioses, al grado tal que cada acción y cada particula de su persona era considerada sagrada.

 

Parafraseando a Nikolai Grube en un articulo escrito para la revista "Arqueología Mexicana"; el ritual de entronización tenía un profundo significado simbólico de enormes anhelos sociales en el que el cuerpo y la imagen del Ahaw se transfiguraban en un auténtico recipiente de valores que sustentaban a todo el estado y la comunidad.

 

Por ello siendo un varón, la sucesión al trono tenía carácter patrilineal, es decir de padre a hijo, donde la primogetura era la  norma, es decir los hijos mayores tenían la preferencia. Solo en caso extremo para conservar la continuidad dinástica. Los demás descendientes varones se les denominaba ch´ok que se puede traducir como inmaduro o joven, término que se más tarde extandió su significado a "noble". El heredero llevaba el título de b´aah ch´ok, o primer joven. La infancia del mismo estaba marcada por una serie de ritos de iniciación, el primero de los cuales se realizaba a la edad de cinco o seis años y que consistía en que se punzara en pene con púas de maguey o una espina de mantarraya. Este ritual servía para probar la legitimidad de la sangre.

 

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Así como este todos los rituales eran realizados en fechas bastante específicas de acuerdo a la posición de los astros en la bóveda celeste. Con la entronización el Ahaw trascendía su condición de simple ser humano  para transformarse en toda una institución política y religiosa, sustendo de los tres niveles del mundo: el mitnal, el kaab y el k´aan. En dicho ritual el heredero se sentaba en una almohada de piel de jaguar, en ocasiones sobre un andamio adornado con símbolos celestes, todo esto acompañado de un sacrificio humano. Se le ataba una banda en la cabeza ostentando una imagen del dios Hunnal, patrono de la autoridad real. El momento culminante del ceremonial se daba cuando se colocaba sobre la cabeza del Ahaw un tocado de jade y conchas marinas con plumas verdes de quetzal —dicho tocado por regla general era trasmitido de generación en generación, y era considerado como un ente viviente, al grado de ofrecer sacrificios en su nombre o hasta rendirle culto cuando moria el gobernate que lo portaba— ave preciosa considerada sagrada. Hecho esto se le entregaba un cetro grabado con la imagen del dios K´aawil para reafirmar su autoridad. Al nombre original del Halach Uinic se le agregaba el titulo de K´uhul k´aba, nombre divino. Normalmente tomado de un predecesor ya que se le consideraba como un su propio abuelo renacido, creencia que todavia se conserva en modernas comunidades mayas.

 

Afortunadamente para nosotros muchos de estos datos referentes  al ritual fueron labrados en las estelas de las diferentes ciudades mayas del periódo clásico: El Naranjo, Tikal, Copán, Palenque, entre otras.

 

A partir del momento de la entronización la población espera de su persona la capacidad de balancear el cosmos mediante la ofrenda de su preciosa sangre que extraía de su lengua, lobulos de las orejas y su miembro viril por medio de la punción.

 

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