MUJER: Xchup

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Recuerdo que cuando cursaba la secundaria lei una lección con este mismo titulo, y me llamó la atención el rostro de la mujer maya que ilustraba el artículo, un rostro marcado de pómulos salientes, una faz de mujer madura cargado de nostalgia; un rostro afilado surcado de arrugas que marcaba su herencia de sabiduria de milenaria, un rostro de mujer que en mi memoria se marco con este apelativo: Xchup, mujer en maya. Este sonido me sono poético, único, el apelativo con el que los dioses seguramente nombraron a la obra más perfecta que habían creado.

 

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Abuela, protectora, hiladora de historias, canción de cuna, conservadora, ternura encanecida, luna encantada, racimo de sueños. Manos gastadas que acurrucan su sangre y semilla transformada en infante, toda dulzura, toda compasión.

 

Madre, sustentadora, cuna de la nueva simiente, nutridora fuente de vida, esposa, compañera, amante, hechizera de ambrosia y extásis, devoradora de soledades, tibio nido de corazones desolados, cálido rio de amor sublime, oceáno de sensaciones nuevas, paciente contenedora de pasiones, perfume de mistica rosa, toda gracia, toda pureza.

 

Hija, cascabel de luz, ola inquieta de sonrisas, fresco rocio de montaña, lucero del alma. Al fin mujer, desde capullo hasta marchita flor compañera de vida.

 

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Entre los antiguos mayas su papel estaba perfectamente definido y ligado con el concepto cosmogónico que tenian del mundo y su orden. Todas las mujeres estaban protegidas por la diosa Ixchel, diosa de la luna, los partos y las hilanderas. Durante el alumbramiento el ombligo de la infanta era enterrado debajo del fogon, donde se retiraban las cenizas y se excavaba con este propósito a fin de que la niña en el futuro fuese una mujer hacendosa y buena ama de casa. Los primeros años de su vida gozaba de la misma libertad de los varones puesto que andaba practicamente desnuda, cubriendo unicamente sus genitales con una concha marina. Al llegar a la edad adulta que en la sociedad maya era al cumplir los doce años, se le vestia con su primer hipil y a partir de entonces se le consideraba apta para casarse aunque por regla general se esperaba a que cumpliera 14 años. Ella seguía bajo la tutela de su padre hasta que se casaba, pero durante este periodo le estaba prohibido que le dirigiera la palabra a otros varones solteros ajenos a su familia. Por lo estricto de esta regla social se consideraba a la mujer como un elemento de gran valor. Solo cuando un joven varon se presentaba en compañia de sus padres y del casamentero, y con la venia del padre, esta era entregada en matrimonio, no sin antes consultarla si estaba de acuerdo.

 

Sin embargo al pasar de los siglos y con la llegada de los conquistadores iberos esta visión sagrada de la femineidad fue cambiando completamente hasta de diosa convertirla en esclava, por disposición de las nuevas costumbres fue degradada de madre a paridora, de esposa a concubina y de hija a objeto mercable al mejor postor. Su esclavitud fue doble porque no solo la esclavizaron los conquistadores sino sus propios hijos y esposos. Soportando ser sojuzgada, violada y violentada de toda forma queriendo extinguir en todo su divina naturaleza.

 

Hoy día la mujer maya va retomando el terreno perdido durante cinco centurias de letargo y silencio, destacando poco a poco entre sus comunidades, tomando decisiones vitales en la educación de sus hijos y la reeducación de sus maridos haciendolos mas participes en la atención de sus familias. Mucho camino falta por recorrer pero sabe que al final, como la paciente luna triunfara sobre la noche lobrega y alumbrará con su maternal luz la pesada oscuridad de la ignorancia de sus hijos. In lakech Ah laken

 

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