Sunday 7 february 7 07 /02 /Feb 00:33
En la vida de todo ser humano existen acontecimientos que marcan el destino de cada persona: el nacimiento, la educación, el matrimonio, la paternidad y la muerte. De todas ellas la única que quizás podamos escoger es el matrimonio pero en algunas antiguas sociedades esto era realmente dificil. Muchos investigadores de las costumbres mayas han establecido su ingreso pleno en la sociedad mediante una ceremonia denominada Caput zihil o "la bajada de Dios" por medio de la cual a los doce años tanto los varones como las adolescentes eran declarados como mayores de edad. A partir de ese entonces los varones eran llevados a la casa comunal donde eran entrenados en las artes bélicas mientras que las niñas regresaban a sus casas para terminar su instrucción en las labores domésticas. Una vez que eran declarados mayores de edad y podían de hecho casarse por regla general esperaban a cumplir al menos 14 años en el caso de las mujeres mientras que los varones debían esperar al menos a cumplir 18 años. Mientras pernacecieran solteros los varones debían pintar su cuerpo de negro para señalar su condición.

Generalmente eran los padres quienes escogían o bien se interesaban en escoger mujer para su hijo, preferentemente entre las muchachas de la misma clase social o bien del mismo Cuchtel ( barrio) o del mismo Batabil (pueblo). Para tal efecto recurrían a los servicios de un casamentero ya fuese varón o mujer denominada Ah atanzah, que además de encargarse de concertar la cita entre los padres de los posibles contrayentes estaba obligada a consultar a los chilam´ob para verificar que eran compatibles por sus fechas de nacimiento y que los dioses eran favorables a dicha unión.

Para pedir la mano de la novia los padres del pretendiente se hacían acompañar del Ah atanzah, era de mal gusto llegar con las manos vacias así que se llevaba algún pequeño presente. Los padres del "novio"  junto con el o la casamentera eran invitados a pasar y tomar asiento. Durante la primera entrevista no se tocaba el tema de la boda, en cambio de hablaba de las cosechas, del clima, de los rituales o de las noticias traidas por los mercaderes (almeneho´ob) desde otras ciudades.  Los padres anfitriones servían humeantes vasos de chocolate como signo de prospéridad y distinción ya que era el producto más caro que se podía encontrar.

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Pasado esto o en  una siguiente entrevista se tocaba el tema de las intenciones de matrimonio del "novio" que abordaba el Ah atanzah. El se encargaba de proponer la unión mientras cada familia entonces exhaltaba las virtudes de sus  respectivos hijos, para posteriormente pasar al terreno de la negociación. Ambos contrayentes estaban presentes, el prometido debía entonces pactar el precio a pagar por la novia con su furturo suegro, este pacto por regla general era determinar el número de años que estaría al servicio de su futuro suegro. Este tiempo de servicio no debía sobrepasar los siete años. Hecho el acuerdo se repartían regalos entre ambas familias que generalmente consistían en cacao y algodón virgen para hilar.

Una vez hecho esto se procedía a construir la casa de la nueva pareja, muy cercana a la casa de los padres de la novia, generalmente en la parte posterior. El sacerdote ( Chilam ) del lugar llegaba a dicha casa para purificar tanto a la pareja como a los contrayentes con incienso aromático o pom, a la vez que consagraba a los dioses los alimentos que  consumirían los comensales invitados a la boda. Para sellar el contrato de la boda el sacerdote les explicaba los pormenores del mismo a la pareja, hecho esto invocaba a los dioses consagrando mediante oraciones rituales dicha unión. El varón entregaba semillas de cacao y maíz a la novia y ella devolvia masa y chocolate al novio, simbolizando asi que el varón provería del fruto de la tierra y que la mujer lo transformaría en alimento para la futura familia. El sacerdote entonces daba de beber balché a la pareja para sellar el vínculo.

Daba termino la ceremonia cuando las familias e invitados terminaban de disfrutar de la comida celebrada en honor de la pareja de esposos. A partir de ese momento la pareja podía vivir junta. La madre de la novia debía tener el cuidado de que su hija atendiera al joven esposo en reconocimiento por parte de ésta de la unión matrimonial. El yerno por su parte debía llegar a buen termino el tiempo acordado con su suegro por los años de servicio, de otra manera si no respetaba dicho contrato este sería hechado del lado de su esposa quedando con ello disuelta la unión.

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Mucho de lo que hoy día sabemos del rito matrimonial maya ha llegado a nosotros mediante la tradición oral celosamente guardada por los ah men o curanderos mayas, asi como las imagenes de vasos y estelas, como por medio de algunos escritos coloniales como el relato de un monje de Atitlan, el Popol Vuh, el Chilam Balam, las crónicas de Chalchikeles y mas recientemente los cantares de Dzitbalché.

Actualmente la ceremonia es dirigida por un Ah Men mediante un altar cuadrado consagrado en cuyas esquinas se colocan velas y lienzos o pañuelos con los respectivos colores de los rumbos del universo: rojo para el oriente, amarillo para el sur, negro para el poniente y blanco para el norte. Al centro de la mesa se coloca un incensario y una vela al centro preferentemente en color verde dedicado a los dioses y a la humanidad. El Ah Men dice algunas oraciones para consagrar la unión de la pareja. Entrega al novio semillas de maíz y cacao que a su vez entrega a la novia, mientras que ella le devuelve al novio tortillas y chocolate en señal que recibe el fruto de la tierra que él le ha otorgado y su compromiso de transformarlo en alimento reintegrándoselos a él ya transformados. De esta manera se representa la unión de ambos transformándose en un solo ser. Por regla general se pide que la pareja y sus respectivas familias así como amigos más cercanos vistan de blanco o colores claros, ambos contrayentes deberán permanecer de pie y descalzos hasta el término de la ceremonia. Por igual deben llevar su cabeza descubierta para con ello simbolizar que reciben de buen agrado las bendiciones del cielo y de la tierra, como dos ceibas sagradas que se sustentan en el inframundo cuyas ramas llegan hasta el cielo para fundirse en una sola. In lakech Ah laken.


Publicado en: costumbres y creencias - Comunidad: MAYA - Por MM:.
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