DELITO Y JURISPRUDENCIA ENTRE LOS MAYAS (Parte 4)

Publicado en por MM:.

Cuando un delincuente había sido sentenciado con la pena capital, la extensión del castigo a la familia del reo se daba por medio de la confiscación de bienes y la "esclavitud" para su esposa y descendientes directos o a sus padres y hermanos.

En el mundo maya las penas corporales eran poco frecuentes; esto posiblemente se daba a la falta de un desarrollo jerárquico de los castigos graves impidiendo la transformación de la ejecución en castigos físicos. Sabemos de algunas como la cercenación de las manos por hurto.

La conceptuación de la reclusión como castigo no existió entre los mayas, quienes no aceptaban a un hombre en plenitud de facultades improductivo. Tampoco parecen haber usado algunas sanciones como el destierro, aunque seguramente muchos delincuentes y sus familias eran prosélitos por la comunidad y tenían que irse a vivir a otras aldeas.

Numerosas infracciones tenían como sanción una manera de sujeción llamada por los españoles "esclavitud"; esta podía ser temporal o perpetua, según la calificación del delito. La condición para ser reducido a pentak, para llamarlo con el vocablo maya, era cometer actos delictuosos así sancionados o ser cónyugue, hijo o padre de algún individuo que, habiendo sido sentenciado a la pena capital, se hiciera acreedor a un castigo solidario. Si se estaba en este último caso y la transgresión del pariente era valorada como un hecho contra el gobierno como la traición o la profanación de un templo, posiblemente la persona iba a parar a casa de un almehen o noble quedando a su servicio, o era vendido en el mercado y las ganancias quedaban en los fondos públicos. La persona reducida a la "esclavitud" perdía el puesto político o religioso, si lo tenia, su condición social en caso de ser noble, su derecho a vivir con los de su linaje y, probablemente su facultad para el usufructo de la tierra; sin embargo, conservaba otros derechos como el de acumular bienes, realizar transacciones mercantiles, demandar ante las autoridades e incluso poseer otros "esclavos". Por todo lo anterior esta forma de sujeción se nos presenta como una reducción de la personalidad jurídica y no una nulificación de esta, como se dió en Roma, por ejemplo.

0928_2_2.jpg

A una servidumbre más suave se sujetaba a la adúltera reincidente, pasando a ser esclava de su esposo, de tal manera que su vida no cambiaba fundamentalmente porque continuaba empeñada en el trabajo doméstico, aunque con la perspectiva de ser vendida o pasar a la calidad de concubina, cuando su esposo contrajera matrimonio con otra mujer.


 Eran acreedores a la "esclavitud", los que cometían alguna irreverencia, robaban alguna cosa o había sido sometidos por violaciones al derecho cometidas por algún familiar. Estos podían comprar su libertad con sus propios medios o algún pariente pagaba por ellos, dando el valor de lo hurtado en el caso de los ladrones o entregando a las autoridades el valor comercial de un esclavo.

También quedaban en el servicio aquellos cuya infracción a la ley merecía la pena de muerte, pero no se le podía ejecutar por no estar suficientemente probada su culpabilidad o por ser menor de edad; asimismo, eran reducidos a la servidumbre los parientes de los ejecutados por el hurto de cosas sagradas, desobediencia u ofensa a los sacerdotes, profanación de los templos, malversación de los fondos de los tributos, crueldad y tiranía de los gobernantes, asi como la familia de los traidores y conspiradores.

A los delitos de poca magnitud les imponían penas cuya finalidad era avergonzar públicamente al delincuente marcándole el rostro o exponiéndolo desnudo.

Existieron varias formas de penas pecunarias, la más relevante de ellas era la confiscación de bienes, impuesta siempre como pena solidaria a los familiares de los ejecutados. Tal acción legal debió consistir en anular todos los derechos sobre bienes muebles e inmuebles del malhechor y su familia; quizá todos sus implementos de trabajo y de uso doméstico pasaban a los fondos públicos, asi como la tierra usufructuada.


05F1.jpg


La multa, cuya aparición se considera un paso importante en la integración de los sistemas legales, se crea únicamente cuando el gobierno, administrador de los fondos públicos, tiene en sus manos el manejo de la justicia. Entre los mayas consistía en el pago de una determinada cantidad de plumas, mantas y cacao a las autoridades como el ah kulel o el batab. El valor de las multas era muy diverso y su tasación dependía del criterio del juez, quien basado en la tradición, decidía la cantidad que debía pagar el infractor. Por ejemplo, sabemos que los delitos de fornicación con casada, viuda, soltera o esclava ajena, tenían como una alternativa el pago de 60 a 100 plumas. En estos rasos podía ser la pena principal, pero en cuestiones como el hurto era la pena accesoria, ya que la sanción fundamental consistía en regresar lo robado o dar una indemnización equivalente.

Todo lo antes expuesto nos constata la existencia de un cuerpo jurídico sistematizado con procedimientos judiciales estables y claramente perfilados, donde todavía podemos encontrar la supervivencia de costumbres de un sistema más antiguo en el que predominó la justicia privada. Así, con base en los testimonios deducimos la existencia de una amplia libertad de los particulares para pedir la intervención de la justicia en ciertos delitos. Por ello, en determinadas situaciones quedaban impunes violaciones a la ley como el adulterio, el latrocinio y hasta el homicidio.

Asimismo, la justicia maya perseguía habituahnente, sin necesidad de acusación, todas aquellas infracciones cometidas contra las autoridades políticas y religiosas, cuestiones que desde el punto de vista maya eran hechos cuya punición era de vital interés para la comunidad porque rompían la estabilidad social.

El sentido de justicia primitivo es dominado por el concepto de retribución que originaba la necesidad individual de exigir compensar la violación al orden social. Aunque entre los mayas esta concepción había sido superada por la justicia como el medio de preservar impune la estructura social, la necesidad de restituir, en la medida de lo posible, el mal ocasionado, estaba presente. Así las autoridades después de cuantificado el daño, siempre imponían alguna manera de reposición, incluso tratando de que el demandante quedara satisfecho. Por ejemplo la pena del homicida aunque fuera casual, era morir por incidías de los parientes, o si no, pagar el muerto.


05F18.jpg


Como supervivencia de procedimientos legales anteriores también contamos con los delitos en los que se permitía al agraviado ejecutar la sentencia, o se le facultaba para perdonar al infractor ante las autoridades competentes que legitimizaban el hecho.

A pesar de que en la sociedad maya todo estaba impregnado del sentido religioso que guiaba la vida humana, en el derecho hay rasgos que ponen de manifiesto un proceso de secularización. Excepto el halah  uinic y el hatab, que eran gobernantes civiles y religiosos, los demás sacerdotes no parecen haber tenido potestades jurídicas, asi como el ah Aniel. delegado especialmente para impartir justicia no tuvo atribuciones religiosas. Asimismo, los procesos penales se muestran como juicios exclusivamente civiles, apartados de cualquier intervención religiosa, excepto quizá en las sanciones que pudieran haber tenido un sentido purificador. Por otro Jado, la violación de ciertas costumbres religiosas no tenia el rango de delitos y su castigo estaba limitado a la acción de las fuerzas sobrenaturales.

Siendo los mayas un pueblo de extraordinarios logros artísticos e intelectuales, lógicamente también fueron creadores de instituciones con estructuras complejas y diversificadas. Así, la caracterización de una institución como el Derecho Penal, nos ha puesto en claro sus rasgos distintivos. Entre ellos resulta esencial el hecho de que el poder coercitivo había sido centralizado y monopolizado por una autoridad oficial representada por instituciones estables y explícitas, en cuyas manos estaba impedir la violación de las normas que la sociedad había sancionado como leyes. Esto pone de manifiesto una de la muchas particularidades de las sociedades mayas, que nos permite hablar válidamente de la existencia de estructuras políticas con el carácter de Estados.


Etiquetado en sociedad

Comentar este post