DELITO Y JURISPRUDENCIA ENTRE LOS MAYAS (parte 2)

Publicado en por MM:.

Entre los funcionarios públicos de una jerarquía más alta, había algunos con cierta responsabilidad y alguna facultad para impartir justicia, autoridad que recibían del batab. Sobre esto Chi relata: "para oír los litigios y las demandas públicas, el señor tenía un gobernante o persona de rango en las ciudades". Tozzer lo identifica con el ah kulel, traducido por el Diccionario de Motul como "cierto oficial de la república, menores que los ah cuch cabe, mayores que los tupiles, abogados, mediadores y terceros entre algunos. . . veedores como maestre sala".' El cargo, exclusivo para personas de linaje, era vitalicio y solo lo podía desempeñar aquel con una brillante experiencia en funciones públicas. Las personas que se acercaban al ah men para iniciar una causa llegaban con regalos a manera de pago por los servidos que les iban a prestar.


Aquel "señor" con capacidad de otorgar potestades y mencionado en los testimonios como "cacique", “señor inferior", "prefecto del pueblo" o "rey". 'ha sido identificado con el batab, palabra que simplemente significa jefe. Este era la autoridad política de cada poblado, ya sea independiente o sujeto a la hegemonía de un gobernante territorial. En el campo del derecho, tenía un amplio poder jurídico, tanto para legislar como para juzgar o sancionar en su comunidad con los límites que le  imponía la sujeción a un gobernante más poderoso, Para el ejercicio de sus funciones este jefe contaba con un consejo del pueblo con el que resolvía todos los asunto» relativos al gobierno, comprendiendo también los casos penales.


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En la cumbre del poder político estaba el soberano territorial, quien concentraba autoridad en todos los campos del gobierno, incluso en el religioso. Tenía facultades para legislar normas vigentes no sólo en un poblado de residencia, sino en todas las comunidades dominadas; fungía como juez supremo en los asuntos legales graves de su ciudad como batab de ella; incluso aplicaba la ley a las autoridades superiores de otras poblaciones y resolvía los litigios surgidos entre miembros de distintas comunidades. Para ejercer su poder tomaba el parecer de un grupo de personas llamadas por algunos españoles “Supremo Consejo" y "Supremo Tribunal".' Este gran señor era llamado halach  uinic, literalmente “hombre verdadero", pero traducido en el diccionario antes citado como "obispo, oidor, gobernador, provincial o comisario".  Estos funcionarios públicos mencionados por las fuentes, quizá tenían un amplio margen para utilizar su propio criterio judicial; porque en caso de no haber existido códigos, la posibilidad de múltiples interpretaciones de la ley estaba abierta. Asimismo cada uno de los miembros de la jerarquía política con atribuciones jurídicas, dentro de los límites establecidos por su responsabilidad, tenía un cierto ámbito de independencia para ejercer sus funciones. Sin embargo, como en los regímenes autoritarios, es claro que los halach uinicoob debieron tener potestades para ejercer veto sobre las decisiones de sus subalternos.


Ahora bien, las resoluciones acerca de los delitos no eran tomadas independientemente por cada una de estas autoridades, sino que formaban cortes y tribunales, pudiéndose distinguir tres diferentes tipos de ellos Los procesos se iniciaban con demanda de justicia por parte de los agraviados al ah kulel, quien convencido de la posible comisión de un delito preparaba la integración de un tribunal pidiendo la presencia de algunos miembros de la comunidad como abogados y como testigos."


Comúnmente el ah kulel explicaba el asunto al batab, quien podía resolver intervenir en el tribunal convocado, o permitir que su delegado llevara el caso a término.


Con base a la información aportada por Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida, sabemos que el ah kulel con la participación de los miembros de la comunidad, podía resolver asuntos no graves, pero desconocemos el límite preciso de su competencia. Estaba capacitado para poner de acuerdo a los disputantes, obligar al cumplimiento de la norma violada, cuando ora posible, imponer indemnizaciones para satisfacer al agraviado; tasar multas o ejecutar otros castigos menores."


Pero en delitos graves objeto de penas como la "esclavitud" o la muerte. Debió intervenir el señor local formándose una nueva instancia.


A veces, los casos eran tornados por el ah kulel al batab, pero en otras ocasiones el "señor" oía directamente la demanda. Para el cumplimiento de sus tareas gubernativas este funcionario se auxiliaba “del consejo del pueblo, incluso en aquellos asuntos de carácter jurídico.


Creemos que en el campo del derecho los miembros de esta asamblea, ni individualmente, ni reunidos, tenían algún poder legal, sino únicamente colegiados con el batab, excepto en cuestiones delictivas en las que el soberano estuviera involucrado. A cada consejero se le llamaba ah cuch cab en el maya de Yucatán, y un 'testimonio preciso que tenían su voto como regidor en cabildo y sin su voto no se podía hacer nada, y el día de hoy se usa en cada pueblo que haya dos o tres de estos.


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Asimismo, el halach uinic constituía un tribunal, cuando para juzgar un asunto legal "eran.... llamados los prefectos de los pueblos y los más ancianos vecinos y que eran cabezas de linaje o padres de familia y algunas veces llamaban a tales cuando se tratan de las penas y  prohibiciones de los graves delitos".


Desde el inicio de un proceso legal con la exposición de la demanda los mayas le dieron mucha importancia al examen de pruebas que demostraron la veracidad de la acusación v la verificación de la comisión de un delito. Todas las autoridades y los tribunales que trataban los casos penales contemplaban pruebas. En la información que nos legaron los cronistas reconocemos la consideración de pruebas de carácter presuncional, confesional, testimonial y evidencias materiales.


Por ejemplo, las presunciones eran tomadas en cuenta para tomar medidas legales cuando los gobernantes actuaban por sospechas derivadas del rumor público, en hechos que hubieran causado un escándalo en la comunidad.


A menudo se contaba en los procesos con el testimonio confesional, o sea el reconocimiento expreso del delito. Cuando todo apuntaba culpabilidad y el- acusado no lo aceptaba, le aplicaban ciertos tormentos para hacerlo decir la verdad como el humo de chile o apretones con cuerdas.


Aunque extrajurídica, la confesión religiosa tenía valor como prueba podia ser usada por el que la había escuchado para acusar a alguna persona de un acto ilegal, como en los casos de adulterio.

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